Una belleza que no tiene un nombre concreto y discurre como una narración que vamos descubriendo, a través de formas múltiples, está en el arte que apreciamos, está en los ojos desde los que miramos.

“Amélie” película francesa en la que una chica de 22 años que, un día, decide ayudar a los demás, pero sin que estos se den cuenta. Apreciando su día a día y la forma de ayudar a los demás a percibirla.

Podemos vivir muchas veces esta fortaleza al percibir la belleza o la excelencia que nos muestra, ya sea a través de una obra maestra, nuestros hobbies, a las acciones nobles que nos enseña o de la imágenes o música que nos deja.

Es muy importante no olvidarnos de la apreciación de las experiencias cotidianas que a lo mejor son más difíciles de detectar, pero siempre están disponibles. Es igualmente poderoso lo que sentimos al observar la cara de un niño dormido, cuando disfrutamos de los colores de una fruta madura antes de comerla.

Apreciar la belleza no requiere un gran análisis, simplemente es una experiencia positiva y estética que nos agarra y nos lleva al momento presente.