La prudencia nos da la templanza o moderación en las palabras o las acciones para tener buen juicio y precaución ayudando a evitar riesgos.

“Matar a un ruiseñor”, nos relata la historia de Atticus Finch, un padre viudo y abogado de una pequeña ciudad de Alabama que es elegido para defender a un negro acusado de violar a una mujer blanca. El protagonista vive la prudencia día a día, la tolerancia y un equilibrado anhelo de justicia en circunstancias adversas, desde una terrible soledad a la que se ve abocado por los prejuicios raciales.

Una persona no puede ser prudente si no tiene hábitos morales buenos y buenas disposiciones morales. Con la virtud de la prudencia, estará desarrollando un amplio listado de virtudes, que le permitirán hacer frente a los problemas que se presenten, incluso aunque sean problemas nuevos.

A la vista de esto, la prudencia no es cuestión de saber, sino de saber, y de sentir, querer, hacer y de hacer bien y hasta el final.