La prudencia como lo hemos visto anteriormente, es una capacidad de pensar ante ciertos acontecimientos, sobre los riesgos posibles que estos conllevan, y adecuar o modificar la conducta.

Las personas que practican la prudencia no temen los silencios. No necesitan rellenar con una conversación innecesaria para que los demás estén pendientes de él. Son personas que saben escuchar y respetan los turnos de palabra. Tal es el caso que se muestra en la escena de la película “Amor sin escalas”.

Las personas que estiman la prudencia suelen ser personas empáticas. Se dan el espacio suficiente para ponerse en el lugar del otro, lo que hace que puedan llegar a niveles más profundos de intimidad. Además, una persona prudente suele contar con otros valores asociados a la prudencia, como el respeto y la lealtad.