Todas las personas cometemos errores y está en nosotros mismos saber como solucionarlos.

Usamos el perdón para una acción que ha causado un daño, o perdonamos a otra persona que nos ha hecho un daño, también el perdón va ligado con las acciones, porque una cosa es decirlo y otra que con tu forma de ser hacia esa persona sea diferente.

Saber perdonar es un recurso útil en nuestras relaciones personales, que se aprenden y perfeccionan, pero cuya práctica depende en función de nuestra personalidad y de nuestra forma de sobrellevar las emociones.

Son muchas las generaciones que han crecido con las valiosas enseñanzas del Chavo del Ocho, en esta ocasión, se muestra que el perdón nos hace sentir bien y que a pesar de los problemas, al final del día siempre sabían aceptar sus errores y pedir perdón.

Williamson y Gonzalves (2007) describieron las respuestas más frecuentes del no-perdón, identificando:
En el nivel afectivo: sentimientos de rabia, dolor, tristeza, confusión y una sensación de traición.
En el nivel cognitivo: representaciones ofensivas del ofensor, fantasías o pensamientos de venganza, preguntas de por qué o si la persona ofendida ha tenido alguna culpa, y pensamientos de finalización de la relación con el ofensor.
En el nivel conductual: comportamientos de evitación del ofensor o de distanciamiento, o comportamientos de enfrentamiento al ofensor y llanto.

El perdón es una habilidad que nos ayuda al aumento de la autoestima, disminuye el estrés y la tristeza y nos ayuda a disminuir la presión sanguínea, la tensión arterial y la tasa cardíaca, espero que te animes a perdonar y claro, que te des la oportunidad de comprender los errores de los demás.